Pero la celebridad de Can Culleretes como restaurante no llegó hasta el año 1900. Entonces, el local se hizo conocido por sus sopars de duro y por lo que todavía hoy hace que sea especial: la oferta de platos típicos y de calidad a un precio más que razonable. Con todo, después de la Guerra Civil, la familia Regás cedió el restaurante al gremio de Hostelers y de Cuiners. Los nuevos arrendatarios no cuidaron demasiado el negocio y Can Culleretes perdió categoría.
Francesc Agut leyó en un diario que Can Culleretes estaba en venta y lo compró. En aquella época, Agut consiguió que el restaurante se caracterizara por aquello que lo había hecho famoso: una comida de tipo medio, tanto en calidad como en precio. Muy pronto Can Culleretes empezó a ser frecuentado por artistas y escritores. Las fotografías que hoy encontramos en las paredes del restaurante dejan constancia de los personajes que lo frecuentaron: el célebre violinista Costa, el maestro Toldrà, el médico Gustau Camps, el periodista Sempronio, los pintores Puigdengolas y Muntaner, el compositor Mompou...
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